La historia grande del deporte pedal uruguayo sumó un nuevo capítulo. Thomas Silva, oriundo de Maldonado y ficha del XDS Astana Team, marcó un hito al convertirse en el primer ciclista de nuestro país en tomar la salida del Giro de Italia, una de las tres grandes vueltas del calendario mundial.
El estreno, sin embargo, no estuvo exento de tensión. La primera etapa, trazada sobre 147 kilómetros entre las localidades de Nesebar y Burgas, tuvo un desenlace sumamente accidentado. Apenas a cien metros de la línea de meta, una gran montonera bloqueó por completo la carretera. El fernandino de 24 años se encontraba a unos 600 metros del incidente; aunque sufrió algunos golpes al esquivar el desastre, logró mantenerse en pie y cruzó la meta. Finalizó en la posición 167 y se le otorgó el mismo tiempo del grupo principal.
De ese caos en el sprint emergieron unos pocos afortunados para disputar la victoria. El más rápido fue el francés Paul Magnier, del equipo Soudal Quick Step. Con un ataque potente desde lejos, el joven de 22 años se adjudicó la etapa y se vistió con la primera maglia rosa de la competencia, deteniendo el cronómetro en 3 horas, 21 minutos y 7 segundos, a un promedio de 43,8 km/h. El podio lo completaron el danés Tobias Lund Andresen (Uno X) y el británico Ethan Vernon (NSN).
Con la mira puesta en competir, no solo en participar
Lejos de conformarse con el simple hecho de estar en la línea de salida, Silva apunta alto. En declaraciones a la agencia de noticias EFE previas a la largada, dejó clara su ambición deportiva: «Prefiero que quede para la historia el poder conseguir algo antes que simplemente participar».
El uruguayo, que viene de brillar tras ganar la clasificación general en el Tour de Hainan (China) el pasado mes de abril, reconoce el impacto que su presencia genera en la afición nacional, pero prefiere enfocarse estrictamente en su rendimiento. «Quizás para la historia del país o para la gente sea algo chocante, pero en lo personal trato de no enfocarme en eso, sino en rendir al máximo», señaló.
La preparación para este desafío fue exigente. «El equipo confió en mí en China y se dio de lujo. Después hicimos una concentración en altura de dos semanas para ir directo al Giro. Las sensaciones en la montaña han sido súper», detalló Silva a EFE. No obstante, es consciente de la brutal exigencia que proponen las pruebas de tres semanas: «La fatiga que se acumula en 21 días es tremenda. Va en la capacidad de cada uno para tolerar ese desgaste». El Giro concluirá el 31 de mayo en Roma, totalizando casi 3.500 kilómetros de recorrido.
Lo que sigue en la ruta
El pelotón no tendrá descanso de cara a la segunda etapa. Por delante tendrán un reto mayúsculo de 221 kilómetros uniendo Burgas y Veliko Tarnovo. El trazado incluye tres puertos de tercera categoría: el Byala Pass (7,7 km al 4,6%), el Vratnik (9,1 km al 4,1%) y, en el tramo final sobre el kilómetro 210, la exigente cota del Monasterio de Lyaskovets (3,9 km al 6,6%).
Esta última dificultad, ubicada muy cerca del sprint bonificado, promete ser el escenario ideal para intentos de fuga que busquen evitar una nueva llegada masiva. Además, el cierre presentará un ligero ascenso que ofrecerá grandes opciones a los corredores más explosivos del grupo.
